miércoles, 13 de mayo de 2009

Ilusión Ilusa

Me pasa la vida, las lágrimas y los sueños desarraigados del bolsillo del saco ¿Qué se hace con un tonto que no para de soñar? Qué se hace con una vida tan llena de quimeras, de ilusiones ilusas que morirán en un cuaderno, en una computadora o peor aún, en un cerebro perturbado. Ilusiones que no dependen de uno, que dependen de una gran maraña de sucesos, actos y pensamientos de otra persona, que seguramente ni se ha dado por aludida de que dio un paso en falso… o no. A lo mejor el que dio el mal paso fui yo.
Todos los días, en algún momento, en algún rincón desolado pienso. Y ya hace tres años que todos los días, en algún momento, en algún rincón desolado pienso. Según el budismo no encuentro la “iluminación”. No me vengan a hablar de iluminación, de iluminación háblenle a EPEC. Lo mío es boludes, ceguera, estupidez, o simplemente discapacidad para entender lo que no tiene explicación. Y pensar que alguna vez alguien me dijo que lo que tenía yo era una calentura, que ya se me iba a pasar. Ya van tres o cuatro años, todavía espero que se pase pero no encuentro ni vislumbro un final. Algunas calenturas se apagan con un sentimiento difícil de explicar.

martes, 5 de mayo de 2009

Cenicienta a medias

¿Cómo llega el taco del zapato de una mujer a un cajón de la cómoda de mi habitación? Buscando en cajones inhóspitos de mi dormitorio, que nunca suelo abrir a excepción de que esté buscando algo realmente raro, me topé con un extraño objeto. Luego de analizarlo, llegué a descubrir que era el taco de un zapato. No pude evitar pensar en cómo llegó ese peculiar objeto a mi habitación. Comencé a sacar conjeturas mientras estudiaba (uno piensa demasiadas boludeces cuando estudia y después se pregunta por qué le fue mal en el parcial), pero ninguna se asemejaba a la realidad.
Pensé que alguna mujer descuidada había abandonado su taco en el apuro de huir de mi pieza por motivos escabrosos, pero recordé que las mujeres no entran a mi habitación y menos salen corriendo con motivos escabrosos. Pensé un poco más. Se me ocurrió que algún narcotraficante, apurado por escapar de mi vieja, había abandonado su mercancía allí, pero descubrí que el taco es macizo y que es imposible guardad estupefacientes en la misteriosa pieza del zapato. Pensé un poco más. ¡Seguramente lo perdió la boluda de la Cenicienta! Obviamente la Cenicienta es una historia ficticia. Pensé un poco más. Mi perro lo encontró en la calle, lo trajo y en vez de enterrarlo lo escondió en el cajón. Lo dudo mucho, el boludo de mi perro no se anima a salir a la calle y no creo que sepa abrir cajones. Pensé un poco más, un poco más y un poco más y llegué a la conclusión más razonable. Volví en pedo de bailar, a alguien se le rompió un taco y yo lo guardé vaya a saber para qué.
Seguramente es la opción más acertada, pero aún me quedan mis dudas. Ahora que pienso bien, tengo recuerdos borrosos de haber llegado a casa y al vaciar mis bolsillos, encontrar el taco. No estoy seguro. Si ese día hubiera tomado un poco menos, si la memoria no me fallara tanto, si el Fernet no fuera tan rico, si las mujeres cuidaran sus tacos, si el barman me quisiera un poco menos, si mi vieja me cuidara un poco más, si la salidas nocturnas no me gustaran tanto, si la Cenicienta no se quedara a medias, hoy, seguramente, no hubiera escrito esto.

PD: En serio que encontré un taco de zapato de mujer en un cajón de la cómoda y no sé cómo llegó ahí.

miércoles, 15 de abril de 2009

Versos sin sentido en papeles que no existen

Carnavales de emoción, sangre verde de gente que no tiene corazón. Memorias imborrables de tiempos que ya nadie recuerda y vos, sentada ahí. Tan lasciva, tan espléndida, tan radiante, tan linda. Recordar es humano igual que errar, recordar es divino igual que perdonar. Cada cuál debería meter sus narices en peceras heladas para sofocar el calor de la verdad y nada de andar dando vuelta por parques de diversiones diluviando olvidos y amores rotos. No puedo dejar de mirarte, no puedo dejar de querer abrazarte cada vez que te siento cerca. La vida nos tiene a prueba y las fantasías son el ejemplo perfecto de lo que acabo de nombrar. Oíd mortales el grito salado, libertad, libertad, libertad. ¿Tan malo es escribir sin pensar? ¿Tan malo es dejarme llevar? Llevame, llevame lejos donde nadie pueda oírnos y gritá. Gritá tan fuerte para que no te escuche nadie, sólo yo y mis ángeles.

lunes, 16 de febrero de 2009

Cómo te quiero

Este post va dedicado a la Urraca, que se banca que le diga Urraca y muchas cosas más. El texto es una recopilación de cariños orales.


Te quiero como a la espuma de la leche chocolatada, como a la Coca en botella de vidrio, como al CD del Flaco Pailo en un viaje largo. Te quiero como a una película de canal 12 un domingo, como al asado improvisado, como al Rally con amigos, como a un libro antes de dormir. Te quiero como los sábados de Voodoo, como al campo en invierno, como a una siesta sin apuros. Te quiero como al fernet en el patio, como a andar en el auto de Lautaro a los pedos, como a un viaje al norte con buena compañía. Te quiero como a un billete lila, como a una caipiriña, como al mar de Brasil. Te quiero como a un porrón bien helado, como se quiere a la coca y el fernet, como al vino y melón. Te quiero como a un chori en el parque, como a una canción en la radio, como a los comentarios de verdades. Te quiero como al escape de mi auto, como a la salida del jueves, como a soñar con los ojos abiertos. Te quiero como a decirte urraca, como a sentir tu piel, como a tus labios en mi boca. Te quiero como a que me digas te quiero.

PD: La Urraca es mi novia, mejor conocida como Carla.

lunes, 22 de diciembre de 2008

El día en que perdí mi dedo gordo

Este no fue el mejor día de mi vida. Digamos que la noche anterior estuve enredado entre apuntes y resúmenes de una materia de dudosa procedencia y a decir verdad me fue como el culo. La cosa es que después de la derrota en la contienda universitaria, fui a trabajar con la cabeza bien en alto pensando en que mis vacaciones habían comenzado. Me cambié, me ensucié y puse manos a la obra. La primer tarea que decido realizar, ¡Paf! Me machuco un dedo, con tanta mala suerte que tenía al señor cliente a mi derecha escuchándome putear. Me acordé de mi mamá, de mi abuela y de mi hermana. El problema es que no me acordé de las estrategias marketineras que uno aprende cuando estudia una carrera como publicidad. Instantáneamente, luego de un par de seguidillas de insultos, gritos, pataleos y miradas raras del cliente, un color violáceo apareció en mi pobre uña machucada. Pensé y concluí: ¡Esto va a doler!

Y sí. Dolió y mucho. Cosa que rozaba, cosa que generaba un inaguantable sufrimiento. La cosa es que todo lo que intentaba hacer se complicaba. Y todo empeoró cuando quise ir al baño a despedir a algunos amigos del interior. (Vale aclarar que a esta sección del relato debería llamarla dedo de mierda, pero debido al caso me pareció un tanto burdo). Entré “cagando” cerré la puerta y cuando me decidía bajar los pantalones me dí cuenta de que tenía que desabrochar el botón del Jean con mi mano e izquierda y con mi pobre dedo gordo machucado (no pregunten por qué no lo hice con la otra mano, cosas del momento). Sin pensarlo junté coraje y le dí rosca al botón. Estaba ahí, de frente al inodoro, cagándome y viendo las estrellas del dolor de dedo que tenía. Para los curiosos: pude desabrochar mi pantalón cuando descubrí que tenía otra mano. Hice mis necesidades y salí pensante y decidido a escribir lo que me había pasado.

Hoy, 22 de diciembre del 2008, gracias a una buena machucada de dedo, descubrí que tengo dedo gordo y que encima sirve para muchas cosas. Así que siento la in esquiva responsabilidad de compartir un consejo en base a mi experiencia: Señor/a lector/a, cuide su dedo gordo. Córtele la uña, hágale masajes, sumérjalo en texturas raras, toque con ese dedo, hágale conocer nuevos tactos, nuevas sensaciones, déle vida a ese hermoso dedo gordo que tiene, porque nunca se sabe cuándo va a terminar escribiendo un relato sin poder apoyarlo sobre la barra espaciadora. No sabe lo incómodo que es.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Verdades de apuntes

La verdad es que no soy muy amante de los apuntes de la universidad. Siempre que puedo escabullirme de ellos lo hago. A veces me topo con resúmenes muy satisfactorios. En otras ocasiones hay amigos muy predispuestos que explican su contenido cinco minutos antes de entrar a rendir. Y por ahí, pero muy de vez en cuando se encuentran exquisitas monografías de estudiantes frustrados por el mismo motivo que me compete en Internet.
Por más que lo intento, los apuntes se me hacen eternos, monótonos y realmente molestos en el bolso. Por eso es que trato de esquivarlos, pero quiera o no, muchas veces tuve que juntar coraje, tragar saliva y sentarme horas al frente de uno para leerlo hasta el final. Y en contadas ocasiones descubrí una especie de patrón que se repetía: Todos los apuntes, TODOS, tienen capítulos, hojas y párrafos que el profesor no pide, que nunca van a tomar y que nunca nadie va a leer. Pensando un poquito más me pregunté: ¿Para qué el profesor se toma el trabajo de armar este apunte y pone temas que nunca va a tomar? Y como siempre divago por ramas en las que debería no meterme… En fin, concluí en que los profesores y los fotocopiadores, son dueños y socios de una organización macabra en búsqueda de nuestro dinero. Estudiantes y estudiantas, no se dejen engañar por estos estafadores del demonio.

martes, 9 de diciembre de 2008

Recuerdos de una época soñada

Hoy, por una de esas casualidades de la vida pensé en vos. Fue raro, porque recordé caricias que no me supiste dar, besos que jamás se encontraron y charlas ficticias interminables que nunca existieron. Quise recordar tu cara y no pude. Tuve muy pocas oportunidades de imprimir tu rostro en una de las hojas en blanco de mi cabeza. Y sigue siendo raro, porque aún hoy, después de tanto tiempo y después de haber pasado por tantos labios insípidos, no puedo olvidar el sabor de una boca que nunca probé.

Hoy, por una de esas casualidades de la vida pensé en vos y concluí en que mi mente divaga por caminos abyectos y me juega malas pasadas. Bromas que no se pueden olvidar o chascos imperdonables que se quedan grabados hasta el día de hoy. Soñar despierto, definitivamente conduce a consecuencias graves.

Pienso en enviarte estas palabras, pero mi orgullo es más grande que mi libertad de expresión. Hoy revuelvo, husmeo y tiro ropa de un placard que se vendió hace ya tiempo.